Dentro de cada habitación hay un mundo

depositphotos_73213557-Homeless-womanDesde el principio supe que quería ser voluntaria en el hospital, ya que quería aprender a desenvolverme en el ambiente y probar una pequeña parte de lo que vendría al final de la carrera. Lo que no me esperaba, es que dentro de cada habitación hay un mundo, fragmentos de la realidad que muchos de nosotros ignoramos.

Estar en contacto con los pacientes, aunque sea una sonrisa o un saludo, ha sido una experiencia de esas que te hacen reflexionar. Escuchar cada historia, cada circunstancia por la que han tenido que pasar los ancianos, las dificultades que se le han presentado a pacientes más jóvenes y ver la alegría en sus rostros cuando les prometemos una próxima visita no tiene comparación.

Descubrir que la vida va mucho más allá de lo que ocupa nuestra mente, lo que somos capaces de hacer sentir a otras personas y de lo que ellos nos transmiten, hizo que la experiencia de hoy fuese muy particular. El coordinador de la actividad nos comentaba que la paciente vivía en la calle, y a decir verdad sería la primera vez que entablaría conversación con alguien en esas circunstancias. Al entrar en la habitación me sorprendí: se trataba de una señora de mediana edad de rasgos fuertes y con aspecto cuidado. Estaba sentada mientras reposaba la mano vendada en la mesa que tenía enfrente, encima había una libreta llena de garabatos y palabras que parecían no tener ningún orden e incluso habían revistas abiertas encima de la cama.

Inmediatamente surgió como tema de conversación y de allí con una sonrisa, empezó a hablar sobre como su hermano le había enseñado a leer y a escribir hace muchos años. Como algunos títulos que alguna vez leyó todavía los tiene frescos en la memoria, y de ahí comenzó a narrar su vida sin ningún orden aparente y sin dar muchos detalles de su situación.

Comentó que su género favorito era la ciencia ficción pero no sabía decir cuales eran de su agrado. Nos dijo que reconocer a alguien le causa una alegría tan inmensa que se cohibe, ya que es raro que se encuentre a la misma persona dos veces. Relató su impresión al ver que una persona con la que se encontraba muy a menudo, se preocupo por no encontrarla y llegó a preguntarle a la policía para averiguar su paradero, haciéndole una visita en el hospital. Siendo la primera vez que tendría una conversación tan grata e íntima con alguien.

Pero sobre todo, me llamó la atención de cómo la vista de la ventana la dejó deslumbrada. Es un hecho que desde la vista del hospital se pueden apreciar hermosos atardeceres, pero fue su perspectiva, su referencia hacia “las luces que parpadean”, la altura de los edificios y los coches en movimiento, o como cuando está en su barrio las copas de los árboles no la dejan vislumbrar mucho más allá de lo que le rodea, fue lo que me causo gran impresión. Estaba maravillada de estar en el hospital.

A veces estamos tan concentrados en nuestras actividades, en nuestras preocupaciones que olvidamos que vivimos en un mundo lleno de personas, que viven diferentes circunstancias y puntos de vista, y como decía Ortega y Gasset, la suma de todas estas perspectivas conforma la realidad.

Nina Padrón

Comentarios

  1. Vivian esaa dice:

    Parece que estuviera allí con ustedes, el texto describe la situación en detalle! Qué bello mensaje

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