Cuando los pasillos se vuelven puntos de encuentro

cumple-en-hospitalSi pensamos en cada ser humano como si fuese un color y en que cada interacción social influye en dicho color (se mezclan hasta cierto punto), podemos llegar a la idea de que siempre nos encontramos con diferentes matices, y cada día que vivimos nos exponemos a que influyan en nosotros, nos transformen y se vuelvan parte de nuestro ser. Puede tratarse de una persona que nos encontramos un día a la salida del metro, un familiar, o un paciente en una cama de hospital. Todos y cada uno de ellos de forma imperceptible nos mueve por dentro.

Lo realmente maravilloso es darnos cuenta de que, la mujer que encontramos rezando en la capilla antes de empezar a recorrer los pasillos que nos llevarían a ver a los pacientes marcó un precedente en nuestro día, porque no son solo los pacientes quienes necesitan escuchar una voz amiga, sino también sus familiares. Y aquellos pacientes no son solo nombres marcados con tinta sobre un pedazo de papel o un número de habitación, y fue entonces cuando las paredes dejaron de tornarse grises y frías ante mis ojos. Cada uno de ellos cobró vida ante mí, mostrándome que un “indigente” (como figuraba en la lista) puede ser la persona más sabia de toda la planta, a quien no le importa estar enfermo para ayudar a los que son destinados a la cama contigua. Una mujer que más que un nombre es una experiencia de vida ambulante, que aun estando ella en la cama y nosotras animándola, terminó siendo ella quien nos dio a entender que siempre hay que luchar por lo que creemos y queremos, y nos animó a seguir nuestros sueños como lo hizo ella en su momento, como lo hace ahora.

Mi primer día de voluntariado definitivamente no fue como lo había imaginado, muchos de los pacientes que nos habían asignado ya habían sido dados de alta, y creo que nunca en mi vida me había alegrado tanto por un nombre en una lista, letras a las que no les podía poner rostro lograron sacar una sonrisita en lo más profundo de mi alma.

Es una experiencia en toda regla, donde cada habitación se transforma en un mundo, que a pesar de ser frágil y pender de un hilo te enseña más que cualquier día en la universidad. Donde los pasillos se vuelven puntos de encuentro entre aquellos que llegan y aquellos que se van, donde te das cuenta que diez minutos son una vida.

Claudia Lillo

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