En la vida real no hay emoticonos

EMOTICONOSLa forma de relacionarte con los enfermos es todo lo contrario a la que estamos acostumbrados con el resto de personas que vamos conociendo en nuestro día a día.

En un mundo donde la tecnología rige cada una de nuestras relaciones, la espontaneidad de una primera conversación, de una mala noticia o de unas ganas inmensas por hablar (hablar incluso de lo que sea) es difícil de saber llevar.

Cada vez los primeros lazos que establecemos con una persona son desde la tecnología. Llegamos a saber más de las vidas de las personas por cotillear su Facebook, que por conversaciones.

El trato puramente humano que se tienen en el hospital cuando hablas con un enfermo no se puede descubrir más que teniendo voluntad y disposición.

Hay conversaciones difíciles, como la del paciente mayor que te dice que la vida es incompresible, que es muy injusta en muchas cosas y no sabe por qué. Y uno, como joven, acostumbrado a buscar emoticonos que nos permitan no abrir nuestro corazón y que simbolicen lo que esa persona quiera escuchar (sin que sepamos qué es), nos quedamos desarmados.

Pero, poco a poco, uno aprende a descubrir, que cada uno tiene el potencial de demostrar mucha más ternura y compasión con gestos y palabras que lo que son capaces de hacer los emoticonos.

Clara Isabel Pérez

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