Es cierto que una de las peores enfermedades es la soledad

cuidados_paliativos_Espana-dia_del_cancer-enfermedades_terminales-enfermos_terminales_MDSVID20150204_0093_17La verdad, tener que contar lo vivido en unas líneas “limitadas” es una tarea que creo que hasta para el mejor escritor es todo un reto. Ellos inventan historias, algunos se involucran tanto que hacen que nosotros, los lectores, podamos vivir gratificantes experiencias poniendo marcha la máquina de la imaginación. Nos hacen estremecernos, nos hacen aumentar nuestras pulsaciones, nos producen verdaderas marchas que nos incitan a pensar muchas cosas, nos hacen llorar y reír. Nos hacen disfrutar.

Cómo contaros el momento en el que me coloco mi atuendo blanco, coloco mi bolígrafo en posición visible, doblo mi hoja y pulso el botón del ascensor preguntándome, en ese pequeño espacio de tiempo que se resume en llegar a la planta, a qué persona iré a visitar hoy. No os voy a engañar, por muchas veces que acuda todo los martes, sé que siempre voy a tener esa indecisión que se me plantea una vez que estoy delante de la puerta de la habitación, y donde me cuestiono si no será mejor darse media vuelta y continuar la tarde. No obstante, hay una fuerza que me incita a persuadir a mis compañeras para que den un golpecito en la puerta, y que nos permitan pasar.

Una vez dentro es como si nada de lo mencionado con anterioridad hubiera sucedido; es como un espacio de tiempo que nunca existe. En esas cuatro paredes mal colocadas, desgastadas por el paso de los años y las personas, puedo sentir cosas que creo que en ninguna otra ocasión podría volver a repetir.

Las emociones son variadas: alegría, empatía, carisma, esperanza y sobre todo algo que es muy importante, y que constantemente voy repetir a nuestro superior, calor humano.

Sólo llevo dos sesiones en esto, pero realmente puedo deciros que merece la pena. Como os he dicho anteriormente, voy a ser sincero y franco con los que se supone que leen este pequeño relato con el fin de orientarse un poco en al tarea que realizamos. No soy creyente, es decir, que me pueden llamarme ateo, aunque prefiero Dani.

La cuestión por la que acudo cada tarde de los martes, a los recovecos del hospital no reside en la búsqueda de nada espiritual, ni la ayuda al prójimo. Eso son temas que no me competen a mi.

Más bien quiero reflejar la experiencia que, como persona de 18 años, guardo en relación con cada persona que está encadenada a la cama del sanatorio.

Yo, como muchos de vosotros, y espero que sean pocos, he estado alguna vez en aquella situación donde la enfermedad llama a tu puerta y no tienes más remedio que dejar el reloj en el cajón y empezar a contar las grietas del techo de la habitación para no morirte del asco y del aburrimiento que puede darte las largas horas, en las que la mera comida sirva de orientación y tu propio organismo te pide paciencia para volver a ser el que era. Es verdad que una de las peores enfermedades es la soledad, y es por ello que nunca viene de más que alguien sepa ponerse en tu lugar, por muy mal humor que muestres, que al fin de todo es hasta meramente comprensible. De ahí, y de otros muchos factores que nada tienen que ver con este pequeño texto, nace la necesidad de subir a ver a aquellas personas que pueden evadirse unos instantes con solo unos 10 minutos que les dediquemos.

No digo que es algo que deba hacer todo el mundo, porque de verdad que cada día aprendemos algo nuevo. De esas experiencias que guardas toda la vida: “nunca olvidar, fue algo bueno”, o como aquellas otras: “nunca olvidar, fue algo verdaderamente difícil de afrontar”.

Y por muy extraño que parezca, es cierto que no dejan de ser personas. Algunas más sanas que otras, algunas con humores diferentes, algunas con estados anímicos más alterados que otros, pero al fin de todo su vida no vale más que la tuya.
Personalmente, creo que es una experiencias que puede ser bastante gratificante para aquel camino que todo el mundo suele tener siempre en pendiente: formarse a nivel personal en aquello que verdaderamente uno quiere ser. Opino que es una de las formas más asequibles en donde puedes entablar las relaciones humanas, y en donde puedes aprender más de lo que te imaginas.

Puede ser que ahora que me doy cuenta, el texto no tenga mucho contenido neto, pero las horas en las que me he puesto a redactar lo que tenía en mente, tampoco fueron las mejores.

Dani Saez

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