Fármacos que nunca caducan

P1140713Paseando por las plantas del hospital, sin importar qué hora sea, se puede percibir cómo brotan de todas las esquinas múltiples tipos de fármacos, con la idea de que curen cualquier enfermedad.

Pero hay una enfermedad, en la que los médicos, podemos ser cada uno de nosotros; pues no se requiere ningún título universitario, simplemente nuestra presencia. Y esta enfermedad es la soledad. Una enfermedad que sólo reclama oídos abiertos a la escucha, ojos abiertos que transmitan compasión, una sonrisa que invite a la alegría y, en alguna ocasión, incluso un gesto de amor.

Hoy, el sólo gesto de un abrazo regalado a un paciente, hizo que sus ojos chisporroteasen destellos de agradecimiento por sentir la cálida presencia de una compañía, que aunque era extraña, se mostró cercana.

Clara Isabel Pérez

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