“Juntos sois los mejores padres del mundo”

padresHoy todos guardamos en algún sitio fragmentos de la carta que un chaval de 11 años escribió antes de arrojarse desde un quinto piso. A Ángel Expósito, de Cope, se le quebró ayer la voz cuando finalizaba su lectura. Es una carta de madurez anticipada, aquella que ya nunca tendrá. La letra es firme y lo que dice es tan triste que parece que el chaval hubiera quemado todos los juguetes del mundo antes de ponerse a escribir.

Las cosas que pasan por la cabeza de un niño las conocemos bien porque todos lo fuimos. Hay un desfile de acontecimientos amontonados delante de sus ojos, con el matiz de divertimento con que los chavales especian lo cotidiano. Pero por mucho que ‘se muevan’ las cosas, pocas son las que un crío ‘detiene’ y se guarda, el primer pájaro que se sostuvo en la mano, el mar, la arrancada del pupitre tras el timbre del recreo. Y es triste que en el alma de un niño sólo se hagan sitio los dolores. La angustia de vivir debería ser cosa de la ficción, que aprendiéramos a tomar decisiones adecuadas en la vida para no imitar lo que el cine nos cuenta. Pero a este chaval se lo comió vivo la no-ficción.

He dejado escrito en twitter que el acoso infantil de los setenta es igual de sólido que el actual, porque el mal del ser humano tiene la estúpida cualidad de ser reiterativo, se perpetúa por inercia, es monótonamente previsible. Pero en la actualidad se nos ha colado un factor de estrategia de guerrillas, la hipertrofia de los instrumentos de comunicación ha actuado de cómplice. Antes te llamaban ‘orejas’ en el patio del colegio, ahora te llaman ‘orejas’ en tu habitación, cuando enciendes el ordenador o el móvil. Tiene razón Kofi Annan, “sobra conocimiento y falta liderazgo”, incluso en los niños, que lo saben todo menos tomar el rumbo en la dirección adecuada. María Venegas tiene un relato titulado “Los suicidios infantiles”. No creo en un modelo específico de niños que cronifican una vida desgraciada, creo en una violación del alma de cualquiera, donde hubo una génesis, un día que fue el ground zero del horror.

Cada niño tiene un ángel de la guarda que siempre mira el rostro de Dios, pero los ángeles impotentes de estos niños manchados lloran mirando el rostro de Dios. Yo me he quedado con la frase que apunto en el titular, “juntos sois los mejores padres del mundo”, porque el niño guardó la imagen de unos padres que se querían, a quienes prohíbe separarse y asegura un sitio en el Cielo. La fuerza de la gravedad no puede ser la última expresión de fuerza en este mundo cretino.

Javier Alonso Sandoica

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