La enfermedad de la soledad

Francisco-ofrece-discurso-Parlamento-Europeo_EDIIMA20141125_0366_13Una de las enfermedades que veo más extendidas hoy en Europa es la ‘soledad’. Se ve particularmente en los ancianos, a menudo abandonados a su destino, como también en los jóvenes sin puntos de referencia y de oportunidades para el futuro; se ve igualmente en los numerosos pobres que pueblan nuestras ciudades y en los ojos perdidos de los inmigrantes que han venido aquí en busca de un futuro mejor.

Desde muchas partes se recibe una impresión general de cansancio y de envejecimiento, de una Europa anciana que ya no es fértil ni vivaz. El ser humano corre el riesgo de ser reducido al mero engranaje de un mecanismo que lo trata como un simple bien de consumo para ser utilizado, de modo que cuando la vida ya no sirve a dicho mecanismo se la descarta sin tantos reparos, como en el caso de los enfermos terminales, de los ancianos abandonados y sin atenciones, o de los niños asesinados al nacer. Afirmar la dignidad de la persona significa reconocer el valor de la vida humana, que se nos da gratuitamente y, por eso, no puede ser objeto de intercambio o de comercio.

Por tanto, ustedes –en referencia a los europarlamentarios- están llamados también a una gran misión: preocuparse de la fragilidad de los pueblos y de las personas. Una Europa que no es capaz de abrirse a la dimensión transcendente de la vida es una Europa que corre el riesgo de perder lentamente la propia alma y también aquel ‘espíritu humanista’ que, sin embargo, ama y defiende. Es fundamental no sólo el patrimonio que el cristiano ha dejado en el pasado para la formación cultural del continente, sino, sobre todo, la contribución que pretende dar hoy y en el futuro para su crecimiento.

Papa Francisco
Discurso ante el Parlamento Europeo
Noviembre 2014

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