La habitación más austera

_9GGGpvufcMCuando abres una puerta de una habitación del hospital partes de la idea superficial de lo que te puedes encontrar: uno o dos pacientes (con un poco de suerte algún familiar acompañando), mesas, camas, dos sillas, botellas de agua, pastillas,…

Es curioso ver que cuanto más tiempo pasan los pacientes en una habitación más la quieren personalizar: flores, fotos, dibujos, y otras muchas cosas que según ellos son “indispensables”. Estamos acostumbrados a adornar nuestro alrededor con bienes materiales, pero nos olvidamos que los adornos más bellos no se compran, sino que se cultivan, no se tocan sino que se sienten, se viven, son.

Tras muchas habitaciones vistas, hoy me he encontrado con la habitación más austera y a la vez más rica. María del Mar, o como ella quiere que la llamen desde hoy, Mar, es una mujer de mediana edad que vive en situación precaria. No tiene bienes materiales, y ¡ni los echa en falta!

Tras un mes de ingreso, y tres semanas aún por delante para el alta, sólo piensa en empaparse del máximo conocimiento que le sea posible, y es que desde que descubrió la biblioteca del hospital no cabe mayor orgullo en ella que poder sacar cinco libros a la vez (me cuenta con asombro como en las bibliotecas a las que va, sólo la dejan sacar uno o dos libros de una vez). El ambiente intelectual se respira mientras alegremente recorre las páginas de su cuaderno (regalado recientemente), rellenas de múltiples anotaciones, en busca de las mejores para contarme: recetas medievales, palabras bonitas (como armonía), dibujos de geometría…

No hay tema que no le interese. Con tono risueño deja su creatividad volar saltando de un tema a otro. No diré que es fácil seguirla, pero es tanta la ilusión que pone en la conversación que te das cuenta que no hay tiempo para pedirla que lo repita, tiene mucho que contar, y ni si quiera le importa si la infusión se le queda fría, ella quiere compartir todo conmigo.

Es frecuente ver cómo poco a poco las personas dejamos de soñar, pero Mar, sueña con seguir creciendo cada día un poco más. Ha decidido aferrarse a su espíritu jovial y empezar (una vez le den el alta) su “negocio” de títeres. Me cuenta, con algo de añoranza, cómo desde siempre le han gustado los títeres, pero que no ha sido hasta justo el día antes del ingreso cuando se ha sentido capaz de vencer su miedos y luchar por sus pasiones. Ve el ingreso como una oportunidad a pensar, planificar y cultivar su sueño, que pronto podrá hacerse realidad.

Clara Isabel Pérez

Comentarios

  1. Ive always wondered the very same thi2n&#8g30;.. although in that position on the backside of the horse the hole may have been made high just to keep it away from where it could end up getting peed on.

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