La muerte nunca puede ser digna si es provocada

ft-eutanasia-colombia2Básicamente, la “eutanasia”, que quiere decir “buena muerte”, consiste en que una persona pone fin deliberadamente a la vida de otra, considerando que eso le es un bien. La Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL) define la Eutanasia como la: “conducta (acción u omisión) intencionalmente dirigida a terminar con la vida de una persona que tiene una enfermedad grave e irreversible, por razones compasivas y en un contexto médico”.

Para justificar la eutanasia se aduce que la muerte es preferible a una vida en sufrimiento, y se utiliza el eufemismo de “muerte digna”.

Obviamente, la muerte no puede ser nunca digna si es provocada pues implica el cese de la vida y por ello se opone al respeto que en base a su dignidad se debe a toda persona. La dignidad ante la muerte es inherente a la persona, al propio moribundo, que posee dignidad hasta el último suspiro.

Llevado al extremo, la eliminación sin más de un paciente que no lo ha solicitado por sí mismo, sería un “homicidio”. Si lo realiza el propio paciente por sí solo se trataría de un “suicidio” y cuando es la persona la que se quita la vida con la ayuda de otra persona, se calificaría de “suicidio asistido”. La valoración moral que merecen estas actuaciones es en cualquier caso negativa.

También hay que distinguir entre la eutanasia “activa y pasiva” como equivalentes a la diferencia entre “matar y dejar morir”, es decir, entre iniciar unas acciones que condujeran a la muerte de un paciente o permitir su muerte por la privación de los cuidados necesarios.

Otro concepto importante es el de la “sedación paliativa”. A este respecto, la Organización Médica Colegial aprobó en febrero de 2009 una Declaración sobre “Ética de la sedación en la agonía”, que entre otros puntos señala que: “una correcta asistencia implica que se recurra a la sedación en la agonía sólo cuando está adecuadamente indicada, es decir, tras haber fracasado todos los tratamientos disponibles para el alivio de los síntomas”…

Y añadía: “la frontera entre lo que es una sedación en la agonía y la eutanasia activa se encuentra en los fines primarios de una y otra. En la sedación se busca conseguir, con la dosis mínima necesaria de fármacos, un nivel de conciencia en el que el paciente no sufra, ni física, ni emocionalmente, aunque de forma indirecta pudiera acortar la vida. En la eutanasia se busca deliberadamente la muerte inmediata”.

En cualquier caso conviene recordar lo que dice el Código de Ética y Deontología Médica español: “El médico tiene el deber de intentar la curación o mejoría del paciente siempre que sea posible. Cuando ya no lo sea, permanece su obligación de aplicar las medidas adecuadas para conseguir el bienestar del enfermo, aún cuando de ello pudiera derivarse, a pesar de su correcto uso, un acortamiento de la vida”.

Corresponde por tanto a los médicos valorar cuando se llega al punto de retirada de unos tratamientos inútiles, pero esta decisión debe compartirse con el enfermo y su entorno familiar.

La inversión del valor de curar como principio esencial de la Medicina, al añadir el de provocar la muerte, puede abrir vías cuyos límites son impredecibles. La ciencia y la medicina tienen cada vez más y mejores instrumentos para actuar y para discernir. Reclamar que se empleen a favor, que no en contra, de la vida humana es un derecho de todos.

Nicolás Jouvé

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