Las decisiones económicas sobre la vida de los pacientes

1422039595_417773_1422045398_noticia_fotogramaQuizás una de las realidades más duras que he descubierto en el hospital es la gran limitación que nos encontramos en nuestro día a día por la economía.

Miremos por donde miremos, el mundo que nos rodea cada vez tiende a girar sobre la economía, decidiendo cada una de nuestras acciones. Pero, ¿si tan lejos están los temas de dinero del corazón humano, cómo puede ser que no pongamos freno a ello? Las aquí citadas reflexiones no son más que puntos a reflexionar para evitar perder lo que debería ser el centro de nuestra actuación.

Una cruda realidad es reconocer que existen comisiones donde se toman decisiones económicas sobre la vida de las personas. Son comisiones donde los pacientes no están presentes, decisiones que están al margen de toda actividad asistencial directa del paciente. En la que por no conocer la historia que esconde cada paciente, ni su situación real, se estima que no existe. Cierto es que estas comisiones buscan un beneficio global social. Pero se nos olvida que es para situaciones hipotéticas futuras. No sabemos a ciencia cierta qué es lo que pasará en décadas. Y cuanto más queramos asegurarnos el futuro, menos atención prestaremos a lo concreto del día a día, a lo que SÍ es una REALIDAD.

Existe una diferencia entre encarnizamiento terapéutico y ofrecer tratamientos a quienes se pueden beneficiar de ello. Es cierto que no todas las opciones terapéuticas están indicadas en todos los pacientes, pues muchas veces más que bien, se produce todo lo contrario. Pero, si un tratamiento puede ofrecerle a un paciente algo mejor, ¿quién es uno para impedir que alguien se beneficie de él? ¿Qué es lo que consideramos como “beneficio” para el paciente? ¿Es posible estimar una cifra cuantitativa para delimitarlo?

Escucho decir a una paciente a la doctora: “Gracias, tú has hecho que pueda llegar a ver la comunión de mi nieta que no veía que llegaba. Me has dado la vida”. Si pacientes como esta mujer siente que dos meses aportados son vida, ¿por qué estimar que ocho no lo son? ¿Desde cuándo tu edad, o cualquier parámetro cuantitativo, es lo más importante para estimar si es oportuno o no un tratamiento?

Otro problema que me encuentro es la despersonalización de los pacientes. Cuando se ven a las personas como objetos o pozos de gastos, el planteamiento terapéutico se transforma. Deja de ser esperanzador, para convertirse en sostenible. Deja el lado humano, para centrarse en la parte económica. Dejan de tener un precio los tratamientos, para tener precio el ser tratado.

Con frecuencia, se plantea la “sencilla” solución de estimar una edad en la que se estime que llegados a ese punto ya no se pueda hacer más. Si cumpliésemos eso, podríamos estar restando días de vida a una persona. Si su momento de dejar este mundo ha llegado, Dios se encargará de que sea así. Mientras tanto, ¿por qué no ofrecerle disminuir su sufrimiento?
Escucho a una gestora decir: “deberíamos plantearnos más a menudo: ¿tengo que ofrecer esto al paciente con este precio (económico)?”. Me chirría oír eso cuando lo que creo que deberían de decir es: ¿tengo algo que puedo ofrecer al paciente para que esté mejor?

No se puede negar que la economía constituye un pilar fundamental en el desarrollo y progreso del mundo entero. Pero, debe mantenerse en un equilibrio. Lo humano debería ser lo que dictase nuestras acciones y la economía un complemento en nuestros días.

Clara Isabel Pérez

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