Teresa de Calcuta: “El que no vive para servir no sirve para vivir”

img_01_proyecto8Hace unos veranos decidí hacer voluntariado con las Hermanitas de los Pobres ayudándolas en los comedores a la hora de la comida. Me presenté diciendo que iba de parte de uno de los sacerdotes de la parroquia. Lo primero que me llamó la atención fue su falta de entusiasmo. Me esperaba otra bienvenida algo más alegre. ¡¡¡¡ Mal empezamos!!!!!, pensé.

Acudía todos los días sobre la una o una y media, me ponía mi delantal blanco … y obedecía.

Hoy las mesas se sirven de derecha a izquierda..¡¡ Vale!! Iba de mesa en mesa saludando a los ancianos y sirviéndoles la comida, riquísima, por cierto. Al día siguiente me decían, “hoy sirva las mesas de izquierda a derecha”. ¡¡¡Jo, que monjas tan raras!!! Pensaba yo, pero callaba y obedecía.

Los ancianos me iban cogiendo cariño e incluso alguno me piropeaba. Las monjas igual de serias y de poco comunicativas.. y yo pensaba…encima que vengo….que poco agradecidas….con el calor que hace en Madrid en verano y más a estas horas…

Hasta que llegó un día en que la hermana encargada del comedor tuvo que ir a hacer unas gestiones y me pidió que me quedara de encargada. Entonces me explicó que habían pasado muchas voluntarias que iban un día y ya no volvían y que para ellas eso era un trastorno…¡¡¡ De ahí la poca cálida bienvenida!!! Me habían estado observando en silencio todos esos días… y yo sin enterarme.

Un día estaba sirviendo una mesa en la que había tres hombres. Uno de ellos me regaló un caramelo y se montó la mundial. Empezaron a discutir entre ellos, que si tú , que si yo… hasta que tuve que ponerme seria y llamarles al orden.

Así entendí el por qué de las normas de las monjas: Hoy así, mañana asá. Su experiencia les hacía tener en cuenta los celos, las envidias, las manías y los porque yo, porque tú.

Mi padre se rompió la cadera y tras varias operaciones cogió una infección muy resistente y quedó totalmente inválido. Meses de hospitales, de días y noches de acompañarle. Menos mal que somos varias hermanas y nos turnábamos. Así y todo…complicado.

Una de las hermanas mayores, Sor Brígida, mallorquina ella, con fuerte acento y lista como el rayo, me coge aparte una mañana y me dice: “María Teresa, ahora le toca cuidar a su padre. Cuando todo se solucione, vuelva por aquí, la esperamos”

¿Qué aprendí de estas monjas de hábito blanco que viven de la Providencia y de la generosidad de sus benefactores?

. No tienen nada suyo; todo pertenece a la comunidad. Cualquier regalo por nimio que sea que les hagas, se entrega inmediatamente a la comunidad.

. Saben que Dios proveerá y viven con la confianza de que así sucederá y lo experimentan cada día.

. Son sencillas y eficaces y cuidan a los ancianos de maravilla, involucrándoles en pequeñas tareas para que se sientan útiles.

. Tienen experiencia y lo que hacen está basado en ella.

. Están mucho más “en el mundo” de lo que pensamos y son muy realistas.

Como la situación de mi padre duró muchos años y ya no podía ir a los comedores, decidí seguir ayudando a mi manera y así me convertí en “la niña de las bolsas“. Habiendo tantos enfermos encamados, el presupuesto en bolsas de plástico era tremendo, por lo que me dediqué a recoger las bolsas que nadie quería. Mis amigos lo sabían y me las guardaban.. Luego las bolsas casi desaparecieron de los supermercados…

Así han pasado los años y de vez en cuando me paso a saludarlas. Sobre todo a mi amiga Obdulia que en cuanto me ve empieza a chillar…. ¡¡¡mi amiga!!!!. Esta no es monja, y nos ponemos al día sobre nuestras familias.

Maravilloso trabajo el de estas mujeres que dedican su vida a cuidar de los demás y a hacer felices a los mayores en sus últimos años de vida, de forma totalmente altruista.

Si alguien quiere colaborar en comedores, en la enfermería, planchando, cosiendo o simplemente acompañando a algún anciano cuando lo necesite, ya sabe…. son las Hermanitas de los Pobres.

Teresa Campoamor

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